Milei prometió bajar la nafta: subió casi un 500%, un tanque ya cuesta más de 100 mil pesos y una estación de servicio se apagó para siempre
La estación de servicio que Julio Kademian levantó con años de trabajo apagó los surtidores por primera vez desde que abrió. No fue una pausa programada ni una reconversión del negocio: la cerró porque cada día que la mantenía abierta perdía más plata de la que entraba. La decisión se tomó en un contexto que el propio empresario definió con una frase corta y dura: “Nunca me pasó esto”.
Kademian no es un recién llegado al rubro. Conoce el olor a combustible, los balances ajustados y la letra chica de las cargas impositivas que rodean a un expendedor. Sin embargo, admitió que por primera vez los números se volvieron imposibles de sostener. “Los gastos superan a los ingresos. Tengo empleados, energía eléctrica, Ingresos Brutos, todo tipo de aportes, tasas, contribuciones, seguros”, detalló. El combo fue letal: mientras sus costos operativos seguían su marcha ascendente, el consumo de nafta se derrumbaba.
Ese derrumbe tiene un correlato directo con lo que pasó en los surtidores. Durante la campaña electoral de 2023, el entonces candidato Javier Milei no solo se comprometió a frenar cualquier aumento de combustibles, sino que lanzó una promesa más ambiciosa: bajar el precio de manera nominal. A dieciocho meses de aquella declaración, el panorama es exactamente el inverso. La nafta acumula un incremento cercano al 500 por ciento respecto de diciembre de 2023, según estimaciones del sector. Llenar un tanque promedio hoy supera los cien mil pesos, una cifra que excluye a cada vez más conductores y que explica por qué las bocas de expendio están viendo caer el volumen de ventas a niveles que no registraban en años.
El sendero de precios que terminó golpeando a Kademian no surgió de un descontrol aislado. A poco de asumir, la administración libertaria liberó los valores, actualizó impuestos específicos sobre los combustibles que estaban congelados y permitió que las petroleras alinearan sus pizarras con las referencias internacionales. La intención oficial fue transparentar un mercado lleno de atrasos, pero la contracara fue un fogonazo de remarcaciones que todavía no encuentra techo. El eslogan de campaña quedó sepultado bajo una realidad donde el precio del litro cambia mes a mes y el poder de compra de los argentinos se va por el caño de escape.
El cierre de la estación de servicio de Kademian no es una anécdota aislada. Refleja la tensión que atraviesa a cientos de pequeños y medianos expendedores que operan con márgenes muy finos, obligados a absorber subas de tarifas eléctricas, incrementos salariales y una mochila de impuestos provinciales y municipales que no se alivió. Cuando el cliente deja de cargar porque el tanque le cuesta más de cien mil pesos, la rueda se frena para todos: menos ventas, misma estructura de costos, y un final que se parece demasiado al de una persiana que baja sin fecha de reapertura.
El propio empresario puso en palabras lo que las planillas de cálculo ya le estaban mostrando hace meses: la falta de sustentabilidad del negocio lo empujó a tomar una decisión drástica. Más allá del apagón de esa esquina, queda flotando una pregunta que excede a una pyme: ¿cuántas promesas de campaña pueden quedar en la banquina antes de que la confianza también cierre por agotamiento?
Fuente: artículo periodístico, 8 de junio de 2026. Enlace: https://bit.ly/3xEjemplo
Seguime, compartí esta información y dejá tu opinión.
#Nafta #Combustibles #EstacionesDeServicio #Milei #ArgentinaDesigual #PymesArgentinas