El trueque vuelve a los barrios y los pueblos: “No lo hacemos por gusto, lo hacemos por necesidad”
La moneda, otra vez, sobra. El problema es que el dinero dejó de servir hace rato.
La geografía del hambre se dibuja con ferias
En Avellaneda, los focos están en Wilde, Villa Corina y Sarandí. Ahí, los vecinos se organizan en el club El Porvenir de Wilde, en Mansilla 6350. No venden. No compran. Intercambian. Un paquete de fideos por una prenda en buen estado. Un jabón por un kilo de tomates. Lo que hace veinticinco años fue la herramienta de supervivencia de una generación entera, hoy volvió a serlo.
“No lo hacemos por gusto, lo hacemos por necesidad”, larga Teresa, una de las organizadoras. La frase corta como un cachetazo.
Teresa no necesita explicar más. Porque el contexto ya lo sabe cualquiera que haya ido al supermercado en los últimos meses. La inflación que no frena. El poder adquisitivo que se escurre como agua entre los dedos. Y el ajuste que el gobierno de Javier Milei junto a su ministro de Economía, Luis Caputo, ejecuta sin anestesia. Todo eso empuja. Y cuando empuja fuerte, la gente termina en una feria de trueque.
25 de Mayo, La Pampa: donde el petróleo no llena la heladera
A más de mil kilómetros de distancia, en Colonia 25 de Mayo —cuarta ciudad más importante de La Pampa, con 10.751 habitantes según el censo 2022— la historia no es diferente. Allí la economía depende del petróleo y el gas. Pero ni esos ingresos alcanzan.
Un grupo de vecinos autoconvocados se juntó hace semanas con una idea simple y desesperada: revivir el trueque. No por moda. No por romanticismo. Porque el dinero “no llega”, dicen. Porque hay familias que tienen cosas en su casa que ya no usan, pero les falta lo básico para poner en la mesa.
“El trueque es volver a darnos una mano entre nosotros”, explicó una de las impulsoras, que pide reservar su identidad. En los pueblos chicos, hablar de necesidad también tiene un costo.
Los más grandes de 25 de Mayo recuerdan las jornadas masivas en el Club Punto Unido y el Polideportivo Municipal durante el estallido de 2001. Ahora la historia se repite, pero con una diferencia clave: el ajuste actual es más quirúrgico, más silencioso, pero igual de letal para el bolsillo de una familia trabajadora.
Misiones y Jujuy: el trueque se vuelve moneda y memoria
En el norte, la respuesta fue más allá. En San Javier, Misiones, un grupo de emprendedores creó el “Avalor”: una moneda complementaria que corre al lado del peso y solo se acepta en las ferias de trueque. “A nivel microeconómico realmente modifica patrones de consumo y producción entre quienes hacemos este comercio de cercanía”, explicó Laura Posdeley, docente y creadora del sistema.
Mientras tanto, en la Quebrada de Humahuaca, hace apenas dos semanas se realizó el XXVII Cambalache y Trueque de la Red Puna. Allí, comunidades campesinas e indígenas se juntaron en Maimará para intercambiar semillas, tejidos, alimentos y saberes. Lo vienen haciendo desde antes de que existiera el peso. Pero hoy, la urgencia tiene otro nombre: crisis.
Lo que el trueque dice y lo que el gobierno no quiere escuchar
Lejos de ser una elección, el regreso del trueque expone una realidad que duele: cada vez más personas no logran cubrir sus necesidades básicas con dinero. Y cuando el dinero falla, lo que queda es la solidaridad. O la nada.
No se trata de romantizar el intercambio de ropa usada por comida. Se trata de entender que en pleno 2026, en un país que produce alimentos para 400 millones de personas, haya familias que necesiten sentarse en un club de barrio a cambiar un par de zapatillas por un kilo de arroz.
El trueque alivia, pero no resuelve. Mientras el gobierno sostiene su programa de ajuste y la inflación no da señales de frenarse, estas redes seguirán creciendo por fuera de toda estadística oficial. En Wilde, en Sarandí, en 25 de Mayo, en San Javier, en la Quebrada.
Por ahora, la única respuesta inmediata es la que se construye puerta a puerta. Feria tras feria. Con una moneda que nunca se devalúa: la necesidad.
¿Hasta cuándo la solidaridad va a tener que tapar los agujeros que deja la política económica? Esa es la pregunta que nadie responde. Mientras tanto, en los barrios, siguen juntándose. Siguen cambiando. Siguen sobreviviendo.
Fuente: Crónica – “Intercambiar para comer:
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