Nueve hermanos rescatados de un infierno en Santiago del Estero: torturas filmadas, abusos sexuales y un pueblo que calló
Lo que encontraron los efectivos de la División Trata de Personas de Santiago del Estero cuando ingresaron al domicilio, con la orden firmada por el juez Sergio Guillet a pedido de las fiscales Yésica Lucas y Vanina Aguilera, quebró incluso a los agentes más experimentados. Algunos no pudieron contener el llanto. Otros salieron en silencio, con la mirada perdida. Adentro no había margen para la metáfora: eso era una cámara de suplicios.
Los nueve hermanos —tres jóvenes de 28, 26 y 25 años con severos problemas motrices y de salud mental, una adolescente discapacitada de 16, tres hermanas de 12, 8 y 4 años y dos niños de 10 y 6— vivían en un estado de abandono absoluto. Dormían sobre estructuras metálicas sin colchones, apenas cubiertos con trapos endurecidos por la mugre. No sabían leer ni escribir. Estaban desnutridos, aislados del mundo. Muchos tenían marcas visibles de golpizas. Dos de los menores tuvieron que ser internados de urgencia: pesaban apenas 30 kilos y sufrían cuadros graves de deshidratación y desnutrición. El hambre no era una metáfora: era la materia de sus días.
En ese mismo rancho, sin embargo, existía una habitación cerrada con candado. Los investigadores la abrieron y encontraron colchones nuevos, impecables, limpios. Un lujo guardado para los captores mientras los chicos se hundían entre hierros oxidados y dolor. La crueldad no necesitaba más puesta en escena.
El caso más estremecedor fue el de un joven ciego, mudo y con retraso mental severo. Los policías lo hallaron atado a una cama, herido, ensangrentado, con signos inequívocos de torturas reiteradas. Fuentes judiciales revelaron que algunos de los familiares —ahora detenidos— lo golpeaban y grababan las agresiones con sus teléfonos celulares, como quien filma un chiste privado para compartir entre cómplices. “Eran tratados como animales”, confió una fuente cercana a la investigación, con una precisión que hiela.
Pero la mecánica del espanto iba más lejos. La hipótesis de la Fiscalía sostiene que el padre de la familia convertía a sus propias hijas en moneda de cambio. Las entregaba sexualmente a hombres de la zona rural a cambio de botellas de vino y alcohol. Un circuito sórdido, conocido por varios vecinos, que ahora los investigadores intentan reconstruir para identificar a cada uno de los abusadores. La Justicia ya detuvo a un tercer implicado: un yerno de la familia, acusado de abuso sexual con acceso carnal contra dos de las víctimas. Según las primeras reconstrucciones, también operaba como controlador de los movimientos dentro de la vivienda para asegurarse de que los abusos ocurrieran sin interferencias externas.
Durante los allanamientos, la Policía secuestró varios teléfonos celulares. Los fiscales sospechan que en esos dispositivos hay videos de abusos, golpizas y escenas de explotación sexual. El peritaje, que avanza en estas horas, será decisivo para escalar la causa hacia los hombres que pagaron con alcohol para violar a chicas discapacitadas y menores de edad aprovechándose de su extrema vulnerabilidad.
Hay un dato adicional que agranda la dimensión institucional de la tragedia: la vivienda del horror estaba a escasa distancia de una dependencia policial. El movimiento constante de hombres entrando y saliendo del lugar, sin embargo, nunca fue denunciado. La investigación judicial ya no mira solo hacia la familia detenida. Busca determinar quiénes sabían lo que ocurría y eligieron callar. Porque —según reconocen en el expediente— el horror de esa casa no pudo sostenerse solo. Necesitó de una trama de silencios, complicidades y omisiones que ahora, tarde, empieza a resquebrajarse.
Mientras los peritajes avanzan y se multiplican las declaraciones, los nueve hermanos fueron trasladados de urgencia a la capital santiagueña. Equipos médicos, psicólogos y especialistas en contención de víctimas trabajan para estabilizarlos después de años de encierro, hambre y torturas sistemáticas. El Estado, que nunca había llegado al paraje El Cruce, ahora enfrenta el desafío urgente de reparar lo irreparable y de garantizar que ningún silencio futuro vuelva a encerrar a sus víctimas.
Fuente: Artículo original de Alejo Paredes, publicado el 13 de mayo de 2026 en Infobae.
Enlace:
https://www.bigbangnews.com/policiales/el-horror-detras-la-casa-primos-rescataron-nueve-hermanos-vivian-abusos-hambre-torturas-santiago-estero-n101321
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